Fuente y sustento de vida PDF Imprimir E-Mail

Esta visión del agua nace en lo más profundo de un país geográficamente pequeño que alberga ecosistemas únicos, desde la Amazonía, los páramos andinos,  los manglares del Pacífico, hasta las islas Galápagos;  así como una fracción estimable de la biodiversidad mundial. 

El agua es un elemento esencial para conservar la biodiversidad, ya que sostiene los complejos ecológicos que permiten la vida.  En las zonas donde habita una alta proporción de población indígena, se encuentra una parte importante de los bosques y selvas mejor conservadas y la parte alta de las cuencas de captación de agua de los principales ríos.

Pueblos indígenas, afro descendientes y comunidades campesinas conservan y utilizan la biodiversidad como un componente fundamental de sus estilos de vida. Pese a su pobreza y marginación, son los guardianes de recursos únicos de biodiversidad que aportan valores ecológicos, nutricionales, medicinales y culturales.

En contraste, las actividades productivas de empresas transnacionales que buscan el control y explotación de los recursos naturales, de la biodiversidad, los servicios del agua potable y el saneamiento, niegan los derechos de la Naturaleza y los inestimables bienes que ésta nos presta, así como los derechos colectivos.      

La conexión entre agua y biodiversidad es una cuestión altamente sensible.  Existen dos propuestas diametralmente opuestas, una que propugna la conservación ecológica sin los pueblos y contra los pueblos, para beneficio y lucro privado de intereses corporativos multinacionales, y el trabajo ecológico de los pueblos y para los pueblos.

En el Ecuador un tema oculto y velado es la concentración del agua en pocas manos. Los pobres del campo se quedan sin agua, mientras el capital la concentra de manera descomunal, como revela  el estudio “El despojo del agua y la necesidad de una transformación urgente”, realizado por el  Foro de los Recursos Hídricos. 

 “La  concentración del agua en pocas manos es similar o inclusive mucho más profunda que la de la tierra.  La población  campesina e indígena  cuenta con sistemas comunales de riego, representan el 86% de los usuarios, sin embargo, solo tienen el 22% del área regada y lo que es más grave únicamente acceden al 13% del caudal, en tanto que el sector privado, que representa el 1% de las UPA΄s  concentra el 67% del caudal según el CNRH.  

El acceso inequitativo a estos recursos que favorece principalmente a los agroexportadores y terratenientes constituye la causa determinante de la perversa inequidad social, desde donde se erige el poder político y hegemónico.  

Mientras exista concentración del agua en pocas manos, “subsistirán profundos conflictos entre usuarios, la inequidad crecerá y no habrá posibilidades  mayores de mejorar las condiciones de vida de los campesinos que tienen poca tierra, ni de contar con mayor y mejor  producción de alimentos para la sociedad”,  concluye el informe. 

La imposición de políticas,  modificaciones legales, exclusión de la población en la toma de decisiones sobre la gestión del agua,  y exclusión de las tierras donde están las fuentes de agua, son las distintas caras que tiene la privatización del agua, que la transforma de bien común a fuente de inequidad.

 

 

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