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Acerca de la participación política de las mujeres tanto Blanca Chancosa como Carmen Lozano, comentan que para la mujer son mucho más limitados los espacios, la participación y la toma de decisiones, en parte por la cuidado de la familia. Blanquita afirma: “Cuando la mujer se mueve, se mueve toda la familia, no así cuando lo hace el hombre”. Por su parte Mama Carmen, como se la suele llamar, nos comenta:

 

“participamos en las asambleas, en las reuniones, estamos sentadas ahí, pero no es que tenemos mucha palabra, si hablamos y sugerimos no es que se valora igual como cuando habla un hombre. Por eso creo que las mujeres debemos crear un espacio propio donde podamos dar nuestras propuestas. Si (nosotras) no presionamos y exigimos ahí no van a decir, “vea las mujeres también tienen derecho”. También hay que demostrar con lo que se hace, porque sino van a decir que “ésta mujer solo sirve para el discurso””

 

Cuenta además lo difícil que es gestionar un proyecto en favor específicamente para las mujeres, ya que no es considerado sino se trata de beneficiar a la “familia”.

 

Ambas lideresas coinciden en que aquel trabajo de hogar, designado a la mujer, ha sido el soporte del proceso organizativo y las luchas indígenas, porque les ha permitido a los líderes salir a las marchas, a las asambleas y realizar su trabajo en la organización mientras la mujer enfrenta las dificultades del hogar sola. Blanca Chancosa cuenta haber visto cómo muchas mujeres debieron renunciar a sus puestos de liderazgo conminadas por sus parejas, que les reprocharon el descuido del hogar, pero solo en una ocasión fue la mujer la que conminó a su esposo a renunciar: “Por una parte, como mujer decía ¡qué bien!, por el lado organizativo decía ¡qué pena!”

 

Así mismo Blanquita comenta que la necesidad urgente de la mujer indígena para fortalecer y acompañar mejor el proceso organizativo es la formación, en los tiempos y espacios que la mujer necesita, y la elevación del autoestima. De esa manera a la mujer le será posible llevar adecuadamente un espacio dirigencial, será capaz de defender una causa y evitará ser usada. Dice: “cuando creen que el empoderamiento es entregarle a la mujer créditos económicos, sino tiene elevadas sus capacidades y su autoestima no sirve de nada porque no tomará sus decisiones y así (el dinero) esté en sus manos”.

 

Blanca Chancosa al momento forma parte del Yaku Chaski, proyecto que consiste en visitar varias comunidades amazónicas, recoger las experiencias y llevar sus mensajes a las comunidades vecinas. Explica que se llama así porque la ruta de comunicación principal en la Amazonía es el agua de los ríos, en analogía con los caminos recorridos por los chaskis andinos. Así, el último recorrido lo hicieron por las comunidades kichwas ubicadas alrededor de la cuenca del río Curaray, ahí observó por una parte la extrema pobreza de las zonas afectadas por la explotación petrolera, y por el otro la abundancia y belleza que ofrece la naturaleza y que podía encontrarse en los lugares menos afectados por el extractivismo. Al proyecto se han unido más mujeres y pronto organizarán un nuevo recorrido.

 

Mama Carmen nos cuenta de la formación del Consejo de Mujeres de la Ecuarunari, organismo que busca dinamizarse como aquel espacio de discusión y reflexión para atender a las necesidades específicas de la mujer indígena, sin separarse de la agenda organizativa, y sin pretender excluir a los hombres.

 

“Nuestro objetivo es articular entre las mujeres para poder tener un espacio, poder analizar nuestros propios problemas, como poder avanzar en nuestro tema organizativo, político, identidad cultural, participación, no es hacer un movimiento aparte, el proyecto político de los pueblos indígenas en una herramienta de este consejo para empezar a fortalecer desde nuestras comunidades. No es posible que la mujer ha participado desde hace 500 años y seguimos esperando que alguien más decida. Es un espacio para fortalecer a la misma organización.”