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AGRAVIO A  MEMORIA HISTÓRICA

 

La Comisión Ecuménica de Derechos Humanos, CEDHU, cuestiona el derrocamiento de la escultura a la Memoria de los Desaparecidos, que en su origen rememora la injusticia, el dolor, la  persistencia y coraje de los padres y familiares de los hermanos Restrepo Arismendi, desaparecidos por la Policía de Ecuador. Este memorial amplía su significado y se extiende como homenaje a más víctimas afectadas por  violaciones a los derechos humanos en el país,  con los que se identifica.    

 

La CEDHU lamenta que este monumento ya no esté en el Parque El Arbolito  en el sitio que fue designado y que allí permaneció desde hace dos décadas.  Así, de la forma más insensible, inconsulta y arbitraria, los familiares de las víctimas, Quito y la ciudadanía en general han perdido un importante lugar de memoria histórica contra el silencio, el olvido y la impunidad. Se ha destruido una representación simbólica-artística-visible de lucha por la justicia y de prevención para que hechos tan atroces como son las desapariciones forzadas, las torturas y las ejecuciones extrajudiciales, no se vuelvan a repetir en el presente o en el futuro.       

 

Es grave que no se conozca los fundamentos en que se basó el Municipio de Quito para tomar la decisión de derrocar la escultura que fue realizada por Dolores Andrade, quien plasmó  en su obra la “conmovedora e inolvidable realidad que lo avaló”. “Miles de llaves, una vez fundidas forman parte del monumento, símbolo de ese dolor solidario e irrepetible”, recuerda la escultora. Se menciona que el monumento ha sido “retirado” con motivo de la Cumbre de Habitat III de la ONU y que allí estarán las estructuras metálicas del pabellón de “Quito del Futuro”. Este hecho provoca la paradójica pregunta: ¿Dónde está el Monumento Memoria de los Desaparecidos?

 

La coherencia con la dignidad de las víctimas, la validación del sufrimiento de sus familiares y el valor simbólico que representa la memoria de sus seres queridos, no fueron considerados; tampoco se valoró lo que significa una  obra de arte que fue concebida de manera colectiva. El  monumento Memoria de los Desaparecidos “fue derrocado y desmantelado sin respeto alguno por su sentido y su historia”,  como afirma Pedro Restrepo. Las disculpas dadas no son suficientes; este   atropello amerita un rechazo y una reflexión acerca de la importancia que tiene la memoria histórica.

 

Asimismo, plantea la necesidad de proteger las expresiones de memoria y de reparación, velando por su conservación como parte del Patrimonio cultural colectivo y símbolo de la defensa de los derechos humanos.

 

Javier Giraldo, defensor de los derechos humanos opina que “Salvaguardar la memoria histórica de las víctimas y de la opresión y sufrimiento de un pueblo, implica actuar en contra-corriente de uno de los rasgos más esenciales de la modernidad: la valoración de lo nuevo y de lo efímero y la desvalorización del pasado.”

 

La experiencia en la defensa de los derechos humanos indica que la lucha por la memoria histórica es un posicionamiento frente a una realidad; es un compromiso de recuperación crítica del pasado que articula distintas formas de intervención de la realidad social presente, bajo la lucha en contra de la impunidad y en favor de la justicia. Implica luchar porque no se vuelvan a dar las condiciones para que se repita un hecho o una serie de hechos de violación a los derechos humanos.  

 

La conservación de la memoria histórica y las medidas simbólicas de reparación son un testimonio de los hechos, una sanción moral de los responsables y una llamada de atención sobre la relevancia de la prevención de las violaciones a los derechos humanos; es decir, pueden tener un efecto educativo más amplio. El olvido no sirve como fórmula de reconstrucción del tejido social; por tanto, conocer los errores de la historia es fundamental para no repetirlos.

 

La dimensión colectiva de la memoria histórica es la diversidad de temas.  Es una historia que tiene muchos comienzos, que tiene muchos rostros. 

 

Es una historia de todos. Así, como todo proceso en que se forja la memoria histórica, el Monumento a la Memoria de los Desaparecidos fue el resultado de una confluencia de esfuerzos, de cariño, de solidaridad, de acompañamiento y de conciencia por la defensa de los derechos humanos.

 

La campaña  “Las llaves de la solidaridad” fue una iniciativa que surgió enseguida  de la trágica muerte de Luz Elena Arismendi en 1994.  La causa de su lucha, la hicieron suya y la avivaron: la familia Restrepo, las organizaciones que trabajamos en derechos humanos, varias organizaciones sociales, instituciones culturales, fundaciones, artistas, cantautores, escritores.  Hubo un importante apoyo de periodistas, reporteros gráficos,  de los medios de prensa, de radio y de televisión.  Vimos el calor humano de la gente de la ciudad que acudía a la CEDHU a entregar las llaves para fundir el monumento, que fue erigido en 1997.  Se inauguró el 3 de julio de ese año, en el marco recordatorio del tercer  aniversario de la muerte de la madre de Santiago y de Pedro Andrés Restrepo Arismendi.

 

Nuestra solidaridad con las víctimas de graves violaciones de derechos humanos y en especial con la familia Restrepo que llevó a las calles, las plazas, los parques y los muros de la ciudad su reclamo de Verdad y Justicia.

 

Hna.  Elsie Monge-  Directora Ejecutiva de la CEDHU